La fotografía de Lionel Messi con Donald Trump está dando mucho que hablar. La visita del Inter Miami CF a la Casa Blanca se realizó tras la invitación al club por haber ganado la Major League Soccer 2025. Fue la primera vez que Messi asistió a la residencia presidencial. El plantel, dirigido por Javier Mascherano, fue recibido por el mandatario estadounidense en un acto que coincidió con el año del mundial y en medio de la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Cada tanto aparece una imagen que parece simple: un deportista y un político estrechan manos, sonríen para la cámara, intercambian una camiseta o una felicitación. Cuando el deporte y la política comparten encuadre, no se pone en juego solo un saludo: también circulan prestigio, influencia y negocios.
El deporte tiene algo que la política busca: legitimidad popular. El campeón representa mérito, esfuerzo y triunfo medido con reglas claras. En una cancha, al menos en teoría, gana el mejor. Por eso, desde hace décadas, los gobiernos buscan acercarse a los ídolos deportivos. Líderes de distintos países se fotografiaron con figuras como Diego Maradona, Muhammad Ali o Lionel Messi.
Para el político, el prestigio del atleta funciona como un puente con la sociedad. El gesto transmite cercanía y orgullo nacional. El mensaje implícito es simple: si ese deportista representa al país, el gobierno también forma parte del relato.
Para el deportista, en cambio, la situación es distinta. Su popularidad se sostiene en representar a públicos diversos. El hincha que celebra un gol no pregunta por la ideología del goleador. Sin embargo, cuando aparece demasiado cerca de una figura política, ese equilibrio puede alterarse.



A la dimensión simbólica se suma la económica. El deporte es una industria que mueve derechos de televisión, sponsors y apuestas. Los seguidores, dentro y fuera de los estadios, forman parte de una maquinaria que genera miles de millones. Muchos de estos circuitos dependen de organismos como la FIFA, un actor principal que regula el negocio.
En ese entramado aparece también el mundo empresarial. Con la llegada del capitán argentino al Inter Miami CF, el nombre de Jorge Mas empezó a resonar. Mas —hijo del dirigente del exilio cubano Jorge Mas Canosa— es uno de los propietarios del club y participa del entramado político y empresarial de Florida. Su relación con sectores del poder estadounidense, entre ellos Donald Trump, muestra hasta qué punto el fútbol global se mueve en un espacio donde deporte, negocios y política conviven.
El fenómeno se vuelve más visible en el contexto internacional. El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá se jugará en menos de 100 días, mientras la Finalissima en Qatar permanece en suspenso por la guerra en Medio Oriente. La atención internacional también se centra en la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y en los hechos de violencia en Guadalajara, sede del mundial, donde grupos criminales y sicarios generan un escenario que afecta tanto al deporte como a la sociedad.

En ese clima, cualquier imagen pública adquiere una lectura inmediata y las redes sociales amplifican cada gesto. En ese contexto, Messi asistió a la residencia presidencial. Aplaudió —aunque no habla inglés— cuando Trump mencionó la invasión a Irán. También existen otras fotos suyas con distintas personalidades del poder: desde dirigentes políticos hasta referentes vinculados al progresismo y a organismos de derechos humanos.
Aunque en esos encuentros suele mantener distancia y evita definiciones públicas, Esa amplitud de encuentros, aunque breve, muestra que las figuras del deporte global suelen ser convocadas por distintos espacios de poder, incluso cuando el atleta evita posicionamientos políticos explícitos. Sin embargo, la cercanía con Trump adquiere otra dimensión en el contexto actual, marcado por la guerra y por un conflicto internacional que vuelve a encender alarmas.
Algunos comentarios mencionaron a Diego Maradona, pero el paralelismo no siempre es directo. Maradona eligió una militancia política explícita, con declaraciones y gestos públicos. Messi construyó su figura desde otra posición. Compararlos no ayuda a entender el fenómeno de trayectorias distintas. La relación entre deporte, poder y dinero forma parte de la historia del fútbol. Hoy, con la expansión de la industria y la velocidad de circulación de las imágenes, esa relación queda más expuesta. Cuando el deportista y el político comparten una fotografía, lo que aparece no es solo un gesto; detrás se cruzan intereses, relatos y poder.
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