Romper las reglas literarias

Romper las reglas literarias

romper las reglas literarias
Romper las reglas literarias

Hay un capítulo de Los Simpson dónde Homero se vuelve artista conceptual. Se llama “Mom and pop art” y es el episodio diecinueve de la décima temporada, para ser más preciso. Toda mi vida quise utilizar mi conocimiento enciclopédico sobre Los Simpson para algo útil y esta nota parece ser la perfecta oportunidad. En este capítulo Homero es considerado un artista por hacer una pila de basura sin querer. Sin embargo, cuando se decide a crear esas mismas obras de forma intencional, el público lo rechaza porque entiende que son todas son iguales y ya no le interesa.

“Si hacés siempre lo mismo no estás haciendo arte, estás haciendo artesanía” reza una frase. ¿Qué significa? Que el arte tiene que ser innovación constante, no podés hacer siempre lo mismo esperando los mismos resultados. Bueno, a menos que seas como tantos escritores que vienen escribiendo la misma novela hace años y siguen vendiendo.

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Homero expone sus obras. – Romper las reglas literarias

La literatura busca romper. Romper las normas, las sociedades, los dogmas, los paradigmas. Porque esta es, aunque no lo quieras, crítica y política.  A veces su crítica está en lo que dice la obra; pero hay casos donde la ruptura está en la manera en que se dice.

El decálogo del escritor que construimos en una nota anterior pone como regla final “hay que romper las reglas”. Yo me siento orgulloso de estar haciéndolo ahora ya que, si mis profesores de periodismo leyeran esta nota, en la que hablo en primera persona y utilizo tantas apreciaciones personales, no dudarían en ponerle un uno gigante en el extremo superior derecho y pedirme que la rehaga.

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pop – Romper las reglas literarias

Clásicos de la desobediencia

Lo más simple sería decir que el que utiliza mal los signos de puntuación o no puede marcar los diálogos de sus personajes, no puede llamarse escritor y debería volver a la primaria. José Saramago, donde sea que esté, lee esto y sonríe mientras pule su premio nobel de literatura. Sin embargo, ¿se le puede decir a James Joyce que no sabe escribir solo porque el último capítulo de su novela más famosa es una hilera de texto sin puntos ni comas que dejan al lector sin aliento? Sí, se puede. Pero será un comentario enterrado bajo los miles de elogios de los críticos literarios que ponen a Ulises como una de las obras más importantes de la historia. 

La verdad es que pasa todo lo contrario: el autor que logra romper tanto los esquemas de narración es, al mismo tiempo, su mayor conocedor y fan. Como decía Pablo Picasso “Pintar como los pintores del renacimiento, me llevó unos años, pintar como los niños me llevó toda la vida”.

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Cuadro de Picasso en la adultez
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Cuadro de Picasso en la adolescencia

Aunque se diga que Joyce inventó este modo de escritura que desafía el lenguaje, lo cierto es que es algo que se viene haciendo desde el barroco. Esto de romper las reglas es algo tan viejo que podría considerarse una regla de por sí.

La novela de Gabriel García Márquez, El otoño del patriarca, es un texto de extensos párrafos con escuetos signos de puntuación y con personajes que se entrelazan de manera desordenada y sin presentación. Este libro lo publicó en 1975, ocho años después de sacar Cien años de soledad. ¿Será que luego de tal obra estaba cansado y decidió terminar esa historia así nomás? Resultaría mejor pensar que lo hizo como una prueba de la automatización de la escritura para despertar al lector del alienamiento. Ese al que tanto le temía el formalismo Ruso. Lo lógico es esperar una novela bien escrita, que mejor para llamar  tu atención que escribirla “Mal”.

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“Finnegans wake” es una novela experimental de Joyce. Es considerada por muchos imposible de leer por su lenguaje y el idioma que invento el autor para escribirla.
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Poesía, ir contra las reglas es ley

Al hablar de poesía debemos decir que romper con las reglas establecidas es una norma tan vieja como su propia existencia y hacer un análisis puntilloso nos llevaría a un artículo aparte. Los de la edad media se opusieron a los clásicos, los renacentistas se opusieron a los se la edad media, luego vino el romanticismo a romper con lo clásico, luego llegaron las vanguardias. El surrealismo con sus cadáveres exquisitos, el dadaísmo, el futurismo, los poemas del cubismo formando dibujos con las palabras (calligramas). A finales de los años ’50 la generación “beat” empezó a recitar poemas de forma performática hablando de sexualidad, homosexualidad, drogas y malas palabras.

Los que piensan que los poetas modernos de las redes destruyeron la poesía clásica, se están quejando 70 años tarde.

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Allen Ginsberg, referente de la llamada generación “Beat” – Romper las reglas literarias

“Si no tiene rima y una métrica contada no es poesía”, dirá algún purista. La cara que pondrá cuando se entere de que Dante Tercero, por ejemplo, ganó una de las codiciadas becas a jóvenes creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) de México con sus poemas escritos con emoticones o “poemojis”. O si leyera la fama que cosechó Jessica Salfia, una usuaria de Twitter que compuso un poema con las primeras líneas de todos los mails publicitarios que le mandaron durante la cuarentena. Y ni hablemos de los poemas que utilizan lenguaje Inclusivo, que provoca que “todes les indignades” comiencen a citar a la RAE. La misma que permitió “alverja” y “güisqui” sin sonrojarse.

¡Oh, qué poco ortodoxo! Pero no se preocupen, si la poesía sigue sublevándose tanto así ante el lenguaje, llegará el momento en que escribir un soneto a la antigua será un acto revolucionario.

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Patricia Binôme, que utiliza el seudónimo de Dante Tercero, y uno de sus Poemojis.
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Rarezas que son proezas

Y llegamos al momento de ver esas curiosidades que nos convertirán en el centro de atención de la fiesta. O de una charla literaria al menos. La experimentación con el lenguaje literario ha creado algunos de los libros más extraños que, a falta de una historia que trascienda en el tiempo por su narrativa o personajes, son reconocidos por la forma visual o conceptual que han conseguido. Comencemos con el libro Gadsby. No confundir con El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald. Estamos hablando de una novela escrita por Ernest Vincent Wrighten, que en ninguna de sus 50.000 palabras tiene la letra “e”, salvo en el nombre del escritor en la portada. 

Pienso en otra escena de Los Simpson, pero no perdamos el foco.

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Gadsby – Romper las reglas literarias

¿Te imaginás un libro de 8.847 palabras, escrito sin ningún signo de puntuación y con las mayúsculas insertadas de forma aleatoria? Bueno, este libro, que haría sonrojar a Saramago, existe. se llama Un lío para los sabios o La pura verdad con un vestido hecho a mano y fue escrito en 1802 por Timothy Dexter. Básicamente es una autobiografía llena de reflexiones y consejos. Pero el bueno de Timothy se apiadó de los lectores e incluyó una última hoja con trece líneas llenas de signos de puntuación para que el lector los distribuya en el texto como quiera.

Terminamos con la obra que me gustaría imitar pero no me dan las agallas. Se llama Alphabetical África y es una novela de 1974 firmada por Walter Abish. El primer capítulo (“A”) contiene únicamente palabras que comienzan con la A, el segundo, (“B”), incluye palabras que comienzan por la B y también por la A. Cada capítulo agrega una letra siguiendo el orden del alfabeto y así sucesivamente hasta el capítulo 27, (“Z”), donde quedan permitidas las palabras que comienzan por cualquier letra del alfabeto. Después, vuelta atrás. Las palabras que empiezan por Z, Y, X, W, se desvanecen hasta volver nuevamente al capítulo “A”. 

Podés ver que mi cobardía está justificada. Ya me mareo de solo escuchar el rap Alphabet Aerobics de Blackalicious.

Daniel Radcliffe rapea “Alphabet Aerobics” – Romper las reglas literarias

No quiero que te vayas con la excusa perfecta para que comentes bajo la nota “te faltó hablar de tal o de cuál”. Obvio que faltaron ejemplos conocidísimos como Cortázar con su siempre citada y poco leída Rayuela, Los poemas de Huidobro donde habla de la violondrina y el golonchelo, el realismo sucio de Carver, la “no ficción” de Rodolfo Walsh y demás. Pero como ya dije, son tantos los escritores que desafían las reglas del lenguaje literario que se podría llenar una biblioteca entera. Una a la que no entrarían aquellos a los que ver un urinal con la firma de Duchamp colgado en un museo le parece espantoso.

Por Ezequiel Olazagasti

@Ezequiel Olazagasti

One thought on “Romper las reglas literarias

  1. Aunque no comparto todo, comparto el 90%. Y tiene el valor agregado de ser un artículo relacionado con la literatura, bien escrito y sin horrores ortográficos, y demuestra un interés por la cuestión. Festivos saludos.

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